La inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando

Tratando de entender los estándares necesarios para posicionar un proyecto musical de pop me encontré con una dualidad muy grande, que seguramente muchos ya han visto. Un amigo que estaba componiendo una canción buscaba “el estribillo” para romper la cabeza de los oyentes y así, según su criterio, instalarse en la mente del público para ascender de categoría.


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El desafío de componer música hoy

Buscaba: enganches melódicos que se repitan en la mente luego de ser escuchados, coros de cancha de fútbol, palabras fáciles y agradables, rítmica sólida y firme. Estaba en lo correcto?


Firme en la búsqueda de un objetivo claro parece oportuno que el proceso compositivo tenga pautas claras para lograr ese hallazgo o descubrimiento, más que la construcción de canciones plásticas que sigan recetas sin esencia.


Pero cuidado, es peligroso y desagradable, al menos desde mi punto de vista, la postura soberbia y absolutista también de ponernos en la vereda de la erudición musical y solo aprobar temas que tengan al menos 25 acordes, cadencias rotas y más de tres modulaciones. Lo sencillo y lo complejo pueden reflejar belleza y hacernos erizar los pelos, esa característica tiene el arte, y por carácter transitivo en este caso la música.

Ahora bien, que es lo mejor para el crecimiento de la música a nivel global? No sería elevarse y evolucionar en espiral a lo largo de los años? El público debe exigir calidad, en lo simple y en lo complejo también, y para que eso suceda, como en toda rama de conocimiento, hay que profundizar, hay que escuchar mucha música en este caso.

No es justo clasificar solo a los artistas, por ejemplo en comercial o under, sin establecer una conexión recíproca y bilateral con el tipo de público que está del otro lado. Difícil tarea sin un “Ministerio del Sonido o de la Música”, hermosa utopía en un mundo pragmático donde ningún estado se ocupa de proporcionar caminos de respuesta a la verdadera y única búsqueda inherente a la condición del hombre: la espiritual.


La música es uno de los caminos que tenemos al alcance de la mano para evolucionar como personas. Nos puede revelar parajes inhabitados de la mente, momentos únicos de placer y sensaciones sin igual. Como no aprovechar semejante oportunidad?

Por eso es primordial que los compositores de la época asuman el compromiso de la búsqueda, del trabajo en el momento de la creación/descubrimiento.


No puedo seguir pensando en este tema sin evocar una exquisitez de Los Beatles, The long and winding road, canción que encierra riqueza melódica, profundidad armónica, arreglos épicos y una letra para pintarla en el living de una casa. Hace 60 años que estos monstruos recorrieron este camino, como muchos otros, entonces no seamos tan obtusos, ignorantes e irresponsables y aceptemos el desafío de generar música a la altura de estos tiempos.


Hay que incentivar el trabajo artístico, parafraseando a Picasso: la inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando.



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